LA VIDA Y UN PAÑUELO
Capítulo 1: Buenas intenciones (parte 1)
-No perderé a mi mejor amiga…
Y el viento sopló haciendo que el cuello de su camisa le golpeara bruscamente en el mentón. Las manos aparentemente relajadas en realidad mostraban una rigidez, fruto de la impaciencia. La vista congelada, mirando en una única dirección, al frente. Y al frente… el internado que le acogería durante el resto del curso.
El nuevo curso había comenzado hacía apenas una semana, sin embargo, en las aulas y los pasillos del Instituto Konoha Junior High se respiraba un ambiente tan sobrecargado de un ir y venir que parecía que estuvieran en plenos exámenes de semestre.
El Instituto Konoha Junior High, era uno de los pocos en Tokio que tuviera un internado tanto masculino como femenino a la par que gozaba de una situación privilegiadamente céntrica en la enorme ciudad. Destacaba en él una extensa superficie dedicada a los jardines, la cual se había aprovechado para ejercer a su vez de “camping” para los alumnos en los días en los que el tiempo era agradable. Tenía un solo edificio como biblioteca, eso sí, bastante viejo y apartado del edificio principal, pero aún así mantenía su permanencia debido al tesoro bibliográfico que contenía, no muchos alumnos se dejaban caer por allí, sin embargo era en el único lugar donde se podían resguardar a buen recaudo la cantidad de libros que se conservaban.
Los internados estaban bastante cerca del edificio escolar, cada uno a un lado del mismo, el masculino a su izquierda y el femenino a su derecha, cada uno de ellos contaba con su propio comedor, pero aun así, el edificio central también contaba con un amplio comedor dado que en los días entre semana a los alumnos les parecía más cómodo quedarse a comer en el mismo sin tener que desplazarse tanto.
Por último, unos cuantos metros detrás del edificio principal, se encontraba el gimnasio, muy grande, tanto como para tener dentro de sí 2 canchas dedicadas a cada uno de los 4 deportes principales que se impartían en la escuela: baloncesto, fútbol, tenis y voleibol.
De este modo a simple vista, el Konoha Junior High parecía un complejo educativo para las altas esferas de la sociedad nipona, nada más lejos de la realidad, ya que curiosamente el Instituto era público.
Hoy comenzaba una nueva semana para el alumnado, los de la clase 2A habían podido faltar a la primera hora ya que la profesora de matemáticas se encontraba enferma y no podría dar clase en unos días. La clase estaba más revuelta que de costumbre, siendo lunes, los alumnos solían estar más activos y habladores contando a sus compañeros cómo les había ido durante el fin de semana. El profesor de biología atravesó el umbral de la puerta con cara de pocos amigos. Los alumnos le miraron condescendientemente, Kakashi era su nombre, y era uno de los profesores más “enrollados” que había en el instituto, contaba con tan solo 32 años, siempre llegaba tarde a las clases, y cuando llegaba el lunes, era quien peor cara traía de todos, quién sabría a lo que se dedicaría ese hombre los fines de semana.
-¡Kakashi-sensei¡otra vez tarde! – proclamó un pequeño grupo de alumnos que se encontraba en un extremo del aula.
-Ejem… ejem… lo que no entiendo es cómo vosotros podéis llegar temprano siendo lunes… - comentó el hombre a la vez que se quitaba su abrigo y lo colgaba en el perchero al lado de la puerta.
Esperó a que el jolgorio de alumnos se reordenara, porque Hatake Kakashi podría ser un profesor legal, y buen amigo de sus alumnos, pero quien se propusiera hacer lo que le diera la santa gana en una de sus clases, se enfrentaba a la ira indistinta de tan extravagante profesor, podían ser simples trabajos comunitarios para el instituto, o un leve castigo sin el receso que se daba a las 12 del mediodía, pero en los casos más graves había suspendido desde el comienzo del curso la asignatura, e incluso había logrado expulsar del instituto a algún que otro alumno indisciplinado que se había dedicado a quebrantar alarmantemente las normas de convivencia entre alumnado y profesorado. Así que todo el mundo sabía que nadie le iba a tomar el pelo.
Pasaron un par de minutos hasta que todos los jóvenes se hubieron colocado cada uno en su correspondiente lugar, el hombre se sentó algo hastiado en su escritorio.
-Bueno, tengo noticias para todos vosotros…. ¡Uzumaki! Deja de hacer el tonto, que te estoy viendo… - el aludido dejó de lado el bocadillo al que tenía intención de dar un bocado y lo dejó en la parrilla.
-Me acaban de comunicar que tenemos un nuevo compañero entre nosotros, así que espero lo mismo de siempre de mis alumnos, tratadle bien, e intentad que se sienta como en casa lo antes posible. Puedes pasar…
Y entró un chico de mediana estatura, pelo corto y revuelto, finas facciones enmarcadas en una cara ovalada y una enorme sonrisa.
-Adelante – le animó el profesor.
Él asintió con la cabeza formalmente y se dirigió a la pizarra para escribir su nombre y apellido.
-Me llamo Nishiwaki Konohamaru – proclamó sin dejar de mantener la espléndida sonrisa con la cual había aparecido – encantado de conoceros a todos, espero poder llevarme bien con todos y cada uno de vosotros.
-Bien, Nishiwaki, deja que te ubique en algún lugar de la clase… mmm el asiento al lado de Nara está libre, puedes sentarte allí – dijo señalando un asiento en la última fila de la clase. El muchacho obediente se dirigió a su asiento. – Está bien, ahora que hemos terminado con las presentaciones podemos comenzar con la clase… ¡Uzumaki! Página 46 del libro de ejercicios…
De repente, la puerta se abrió violentamente, y una muchacha jadeante se ayudó de la manilla de la puerta para apoyar su peso en algo más que no fueran sus pies.
-Perdónome Kakashi-sensei, pero se me pegaron las sábanas… - dijo a la vez que se erguía poco a poco - ¿puedo entrar en la clase?
El hombre frunció el entrecejo.
-No es muy normal que llegue tarde, señorita Yamanaka, pero siéntese en su sitio.
Ella, con un rubor poco notorio en las mejillas asintió en señal de agradecimiento.
-Está bien, Uzumaki…
El muchacho, que no sabía ni lo que le había ordenado hacer el profesor debido a que no había prestado mucha atención, comenzó a sacar libros como un poseso, intentando encontrar el cuaderno de ejercicios que probablemente se le hubieran olvidado hacer. Mientras tanto Ino, aprovechó para dirigirse a su compañera de clase, Tenten, para preguntar si se había perdido algo.
-Realmente no – susurró la muchacha de moños – pero ha venido un alumno nuev…
-¡A callar todo el mundo! – irrumpió el profesor Kakashi, quien estaba bastante más de mal humor al comienzo de la clase, debido a que el tal Uzumaki se había dejado el libro de ejercicios en casa, había soltado entre tanto nerviosismo que ni siquiera había hecho la tarea y tras ello se le había caído la mochila con todos los bártulos en medio del pasillo, provocando un alboroto que las sienes del profesor no fueron capaces de soportar.
-Mejor te lo cuento más tarde – sentenció la muchacha por lo bajo – el profe está de malos humos…
De este modo, las clases se fueron sucediendo una a una, hasta que llegó el receso, media hora de descanso que a Ino le sentó como agua me de mayo. Estiró los brazos hacia arriba y se dejó caer en el respaldo de la silla.
-No veas qué mañanita he tenido Tenten… primero me duermo, luego, pensando que había recuperado el tiempo perdido vistiéndome a todo correr se me queman las tostadas del desayuno, encima por el camino me he tropezado en un escalón y casi me parto el cráneo… - hubiera seguido quejándose durante la media hora de descanso de todas las desgracias que habían ocurrido aquella mañana de no ser porque al mirar por el rabillo del ojo a su compañera no la encontró. Se giró buscando sus dos característicos moños y los encontró junto a casi todo el resto de la clase, alrededor del pupitre que estaba al lado del de Nara Shikamaru. Se acercó curiosa, casi ni veía a qué o quién estaba prestando todo el mundo atención.
-¿Qué ocurre? – preguntó acercándose a Tenten.
-¡Ah! Ino, mira, no te has dado cuenta porque has entrado a toda prisa en la clase, pero tenemos un nuevo compañero, se llama Nishiwaki Konohamaru y es de un barrio cercano a Shinjuku, muy cerca de donde tú vives.
Ino se quedó mirando al susodicho sujeto, de hecho, lo analizó punto por punto: pelo corto y revuelto, como si se acabara de levantar de la cama, ojos grandes y verdes ligeramente afilados, sonrisa risueña, y una cicatriz en la ceja izquierda.
Un momento.
¿Una cicatriz en la ceja izquierda?
-¡AAAAAHHHHHH!
Todo el mundo se la quedó mirando.
-¿Qué ocurre, Ino? – preguntó preocupada la joven de moños - ¿acaso conoces a Nishiwaki-san de algo?.
La muchacha no contestó, cogió al nuevo compañero de clase de la mano y prácticamente lo arrastró fuera del aula, en dirección a los jardines.
La clase se quedó enmudecida.
Una vez llegaron a un lugar más o menos apartado, la biblioteca del instituto, Ino se sentó en los escalones e hizo que su acompañante la imitara. Estuvo durante varios segundos con la cabeza entre las manos, y de repente se levantó con brusquedad.
-¿¡Qué puñetas haces tú aquí!? – gritó la muchacha con la fuerza que sus pulmones todavía resentidos le permitieron expulsar.
-Jo, tampoco era para que te pusieras de esa manera, y menos que gritaras de esa forma delante de todo el mundo, que va a parecer que soy un maleante.
-¡¡Es que eres igual que un maleante¿¡Cómo puedes ir disfraza de esa manera!? – dijo arrancándole la mata de pelo.
Varias orquillas cayeron al suelo, desparramándose a los pies de Ino, y una cabellera rosada se meneó tras el desquite de la peluca. Quien se apareció debajo de la peluca… ¡era una chica!
-¡Encima eres lo suficientemente cutre como para utilizar el nombre de nuestro querido vecinito!
-Konohamaru dijo que le encantaría que le pusiera su nombre al nuevo personaje que me he creado… - dijo la otra muchacha mientras se levantaba y trataba de adecentarse un poco el cabello - eres una bestia, me has arrancado casi todas las orquillas…
-¡La bestia eres tú¡Qué pretendes viniéndome a buscar aquí, Sakura!
La aludida alzó el mentón en señal de desafío.
-¡Hacerte ver que estás loca cambiándote de instituto simplemente por un hombre! – respondió.
Ino emitió un ligero suspiro, con la mano en la frente decidió sentarse a la par que calmaba sus nervios. Las cosas se habían complicado más de lo que ella se hubiera esperado. Sakura se dedicó a recoger las orquillas, se sentó dos escalones más abajo que su compañera y comenzó a colocarse la peluca de nuevo, a la espera de que Ino articulara alguna palabra.
Flashback
Aquel iba a ser un verano perfecto, era el primer día que estaba de vacaciones de verano, y Sakura se dirigía a casa de su mejor amiga, Yamanaka Ino, ambas se conocían desde que tenían uso de razón, ya que sus padres habían sido amigos desde largo tiempo atrás, su amistad se había solidificado de tal manera, que cualquier persona de su círculo que las conociera mínimamente podía decir sin ninguna duda que eran como uña y carne. Siempre andaban juntas, desde primera hora de la mañana, cuando iban a clase, hasta última hora de la tarde, cuando terminaban de hacer los deberes juntas.
Sakura estaba muy orgullosa de ser amiga de Ino, era una chica espectacular, simplemente su físico ya era despampanante, alta, rubia, de ojos claros y facciones exquisitas. Tenía una larga melena que sobrepasaba por poco la largura de su espalda y que iba recogida en una graciosa cola de caballo. Su frente estaba prácticamente oculta bajo un flequillo que iba de lado, pero que le daba un aire de madurez y sofisticación a su ya de por sí agraciado estilo. Era simpática, graciosa e inteligente, toda una relaciones públicas ya que tenía amigos hasta debajo de las piedras. Pero sobretodo era una gran persona, porque sabía que cuando ella se entristecía por algo, lo más nimio que fuera, Ino lo notaba y enseguida lograba animarla, fuera de la manera que fuera, directa o indirectamente.
Sakura llamó emocionada al timbre de la casa de Ino, vivía a una calle de donde se encontraba su casa. Habían hecho ya prácticamente todos los planes para el verano, pero tenían que ultimar algún que otro detalle.
La puerta del jardín sonó, permitiendo el paso a la joven, a mitad de recorrido, la madre de Ino abrió la puerta y la saludó amablemente indicándole que la rubia se encontraba en su habitación, Sakura se dirigió a toda prisa hacia su cuarto y abrió la puerta con gran velocidad.
Ino se asustó por el ruido repentino.
-¡Sakura¿cuántas veces te he dicho que no abras así? Un día me vas a matar de un susto.
-Jejeje… lo siento¡pero es que no puedo con la emoción de terminar de ultimar los planes que tenemos para el verano¡nos lo vamos a pasar de maravilla! – dijo mientras daba una vuelta sobre sí misma.
-Ehm… Sakura… hay algo que debo decirte.
La muchacha se extrañó ante el tono de voz tan serio que había puesto su amiga y se sentó al lado suyo.
-Sé que pasar el verano conmigo te hacía mucha ilusión, pero no voy a poder estar durante casi los 2 meses…
-¿Queeeee?
-Lo siento, tengo un torneo de baloncesto al que no puedo dejar de ir, es un torneo muy importante para el equipo, y ya sabes que dependen mucho de mí. Como hay tantos equipos se ve que se va a alargar más de la cuenta y…
-Pero… y todos nuestros planes… - gimió la pelirrosa ante tan mala noticia.
-Lo sé, y de veras que me da muchísima rabia, pero… para la última semana ya se habrá terminado, ya sé que no es nada de tiempo comparado con lo que teníamos pensado pasar juntas, pero menos es nada…. Utilizaremos esa semana para hacer todas las cosas que no hayamos podido hacer en estos dos meses… ¿te parece bien?
Sakura sonrió.
-Está bien, sé que es una obligación muy importante y que no quieres faltar, así que esperaré hasta la última semana y nos lo pasaremos como nunca antes lo hayamos hecho – concluyó guiñándole un ojo.
-Muchas gracias…
Y los dos meses pasaron, pero cuando Sakura llegó a casa de Ino con la ilusión de poder aprovechar aquellos últimos días con ella no la encontró. La madre de Ino le comentó que repentinamente había decidido ingresar en un instituto con internado y que se encontraba instalando sus cosas ya allí. Simplemente le entregó una carta de su amiga, la cual tras leer hizo que la pelirrosa la deshiciera en pedazos.
“Querida Sakura.
Tal vez no lo entiendas, pero durante estos dos meses que he pasado en el torneo han ocurrido un montón de cosas, entre ellas una de la que no me puedo olvidar. Te escribo esta carta como despedida, no una despedida literal, sino una despedida emocional.
Hemos pasado muchas cosas juntas, pero espero que puedas comprender que no debemos encerrarnos simplemente en nuestro universo paralelo, estos dos meses me han enseñado que hay todo un mundo ahí delante que debemos conocer, que hay muchísimas personas que están esperando a que las conozcamos, que hay un amor que espera ser amado.
Y yo… me he enamorado, y no lo puedo evitar, así de simple, he seguido mis impulsos, en busca de mi felicidad, haz tu lo mismo, mi querida Sakura y busca la tuya, esto no es un adiós ni mucho menos, de hecho vendré unos cuantos fines de semana para ver a mi familia y verte a ti. Pero espero que puedas comprender mi postura, debemos de madurar, porque nos espera toda una vida que vivir.
Por favor, perdóname y no trates de venir a buscarme, que nos conocemos.
Con mucho cariño y amor, por siempre tu amiga.
Yamanaka Ino”
-¿Qué se ha enamorado¡eso no se lo cree ni ella¡maldita sea, tengo que impedir que siga haciendo esa clase de tonterías, no pienso perder a mi mejor amiga!.
Fin flashback
-Esta bien Sakura, tal vez deba explicártelo mejor…
-No hay nada que explicar – soltó ella cortante – simplemente estás haciendo el idiota por un tío, y yo pienso pararte los pies para que no continues haciendo estupideces.
-¡No es eso! – dijo una Ino bastante enfadada - ¿es que no lo entiendes? No puedes depender siempre de mí, porque yo no siempre voy a poder estar a tu lado. Por dios Sakura, que no somos siamesas.
-Eso no es excusa para haberme dejado tirada, no pienso rendirme ¡pienso traerte de vuelta conmigo! Si tu puedes tomar las decisiones que te dan la gana sin contar conmigo, lo mismo puedo hacer yo.
-Por favor, Sakura, esto es una niñería, además… ¡disfrazada de chico¿es que acaso te has vuelto loca?.
-Es que en el internado de chicas ya no quedaban plazas, y conseguí que mi madre convenciera a la directora para que pudiera entrar, aunque fuera en el internado de chicos.
-Oh dios ¡esto es una completa locura!
-Me da igual lo que pienses¿acaso es tan malo verme en el instituto¿tan molesta soy para ti?.
Ino suspiró con cansancio.
-Sabes que no… - se hizo el silencio – está bien, quédate, haz lo que quieras, no pienso decirle nada a nadie, pero que sepas que no conseguirás hacerme volver por un simple berrinche tuyo – Ino se dio media vuelta, dispuesta a marcharse.
-¡Espera un momento¡al menos dime el nombre del chico que ha hecho que vengas a esta internado!
Ino sonrió de medio lado.
-¡A ti te lo voy a decir¡a saber lo que eres capaz de hacer! – respondió mientras le sacaba la lengua a modo de burla, y se marchó a todo correr.
CONTINUARÁ
Sé que me quedó muy largo, de hecho el capítulo en sí es más largo todavía, pero lo dividiré en partes, en fin... espero que os guste.
Nos leemos.